La Novia De Matisse by Manuel Vicent

La Novia De Matisse by Manuel Vicent

Author:Manuel Vicent
Language: es
Format: mobi
Tags: narrativa varios
Published: 2010-09-03T23:00:00+00:00


6.

Las fiestas que daba María Sacramento en su ruinoso palacio eran en realidad almonedas simuladas. Mientras un criado de calzón corto pasaba una bandeja con el único manjar, tortilla de patatas y vino peleón, la marquesa iba mostrando a los invitados los cuadros y cachivaches que abarrotaban los salones. A sus fiestas solían acudir gentes del mercado del arte, marchantes, reventas y especuladores junto con algunos aristócratas un poco desvencijados, ex ministros de Franco, intelectuales del diario ABC, académicos y algunos posibles compradores extraídos del mundo de la construcción y de las finanzas. Tampoco solía faltar un catedrático santón, don Carlos de Alvarado, célebre por los voluminosos libros que había escrito sobre la pintura del siglo XVII y que pasaba por ser la primera autoridad en Ribera el Españoleto, al que había dedicado un tomo de mil páginas. Precisamente en esta ocasión había sido requerido para que dictaminara acerca de la autenticidad de un óleo de este pintor, la figura de un bufón, que estaba colgado en el salón principal, llevado allí por un comerciante del Rastro.

Los muros desconchados del caserón aun estando hipotecados, era lo único que pertenecía a la marquesa en todo aquel espacio. Los cuadros, las alfombras, las lámparas, los tapices y la mayor parte de los muebles antiguos también habían sido cedidos en esta ocasión por galerías y anticuarios para su venta a los invitados que en los tres salones abiertos formaban grupos en torno a los pinchos de tortilla.

Betina y Míchel llegaron juntos en el preciso instante en que la marquesa le estaba diciendo al viejo criado:

—Teo, no te olvides de echarme la quiniela. —¿Cómo estás, marquesa? —saludó a la anfitriona el marchante.

—Oye, Vedranito, quiero que veas un sillón de caoba. Te puede interesar.

Los invitados se movían por los salones del caserón y allí se encontraban casualmente todos los intermediarios del Monet, el distinguido señor Palmer, Alvarito Ayuso, Betina, la marquesa y Míchel Vedrano, quien tenía el óleo inmovilizado en la caja fuerte del banco. Ninguno de ellos conocía la cadena completa, sino su eslabón inmediato, pero después de que el propietario, el señor Segermann, hubiera amenazado con llevar a los tribunales a la galería de París, que había sido la primera depositaria, la presión se había hecho insostenible y cada uno de los especuladores fue transmitiendo al otro una angustia perentoria durante esta fiesta. El anciano señor Palmer, abandonando por primera vez la compostura, perseguía a la marquesa entre los grupos con la cara desencajada.

—Marquesa, ¿dónde está el Monet? —la conminó arrinconándola por fin contra un bargueño.

—Mañana, por favor, mañana —le contestó ella tratando de quitárselo de encima.

—No me jodas. Necesito ese maldito cuadro.

—Mañana, mañana. Palmer, no me atosigues ahora. ¿Qué van a pensar los invitados? —suplicó la aristócrata.

—Soy una persona muy educada, marquesa, pero puedo caparte si mañana no me devuelves el cuadro —juró el señor Palmer tapándose media boca.

Tan pronto logró zafarse del señor Palmer la anfitriona buscó a Alvarito Ayuso entre los invitados. Lo encontró departiendo con un ex ministro de



Download



Copyright Disclaimer:
This site does not store any files on its server. We only index and link to content provided by other sites. Please contact the content providers to delete copyright contents if any and email us, we'll remove relevant links or contents immediately.